jueves, 9 de octubre de 2014

CINCUENTA Y OCHO

Viéndote marchar me dí cuenta de cuanto te quería.
Había sido un verano complicado aquel, y los días se sucedían como a trompicones. No había acabado uno, cuando el otro ya llevaba un rato amaneciendo.
Todo lo que quedaba atrás eran botellas vacías, estrellas brillando sobre las cabezas y muchos sabores y alientos distintos.
La soledad se había evaporado entre las idas y venidas de la gente que aparecía y desaparecía por mi casa, sin invitación y con ganas de quedarse. Las habitaciones tomadas por espectros que dormían por los suelos, bebían y bailaban todas las noches las mismas canciones. Tablas de surf, guitarras, arena y ceniza se esparcían por cada rincón de cada estancia. Dos gallinas, un trozo de escalera de madera, algunos restos de comida y mucha ropa tirada de todo tipo.
Mujeres desiguales, algunas bellas y otras casi, me deseaban buenos días por el pasillo, la cocina o el comedor y compartían ducha conmigo y un flotador playero con forma de cocodrilo.
Los cuerpos de los desconocidos aparecían por las habitaciones con o sin ropa, e incluso recuerdo que durante tres días un tipo vestido con un traje de novia lleno de lamparones de vino, dibujaba grandes flores por las paredes a la vez que fumaba un porro y escribía frases entrelazando los tallos de sus dibujos. Leí - "Si no hay tiempo sentémonos a esperar".
Te llegué a olvidar por completo, mientras mi rutina era fuera de lo común, o más bien inexistente.
Mis manos tomaban lo inmediato y accesible. Cuerpos cálidos que llenaban mi cama y vaciaban mi alma.
Ron y marihuana me llamaban para quedar en el sofá. Los cigarrillos me acompañaban mientras observaba a aquellos extraños haciendo de mi casa un verano sin fin y un desolado lugar extrañamente apacible por momentos.
Sólo ella, que venía de otro país como tantos, me hizo dudar. Hacía el amor como si su vagina tuviera fecha de caducidad y se acercara vertiginosamente. Bailábamos y bebíamos mientras nuestros ojos se contaban historias de desesperación y tortura.
Seis días de 24 horas estuvimos juntos. La llevé en la moto por todas las playas de la zona, sin casco, fumando y cantando mientras el acelerador hacía ensordecer nuestras voces a los demás. Comíamos en las terrazas de moda, con los pies encima de la mesa. Nos dábamos largos baños de sol y de mar, en pozas desconocidas por la mayoría. Surfeamos acantilados imposibles y volvíamos a casa cada noche, sedientos.
Pero se fue. Y no era su cuerpo, ni sus palabras. No eran nuestras conversaciones interesantes sobre el interés de dios en que fuéramos unos desgraciados, o la importancia de mirar alrededor cuando te sientes con ganas de odiarlos a todos. No. Era su olor. Que casaba perfectamente con sus movimientos al bailar. Con sus carcajadas ante mis estupideces. Con su pelo volando entre mi cara cuando era ella la que conducía mi moto. Con su voz cantándome en el sofá.
Y aún así, con ella, aún pensaba en ti, y en como te fuiste. Y en como nunca volverás a mi, porque lo que pudo ser, se estropeó para siempre. Tuvimos un rato en todos aquellos años. Fue un rato mágico y ojalá nos hubiéramos agarrado bien fuerte a el, pero se nos escapó entre un millón de amaneceres idénticos, y atardeceres lánguidos.
El otoño llegó y todos desaparecieron. Me quedó mucho que limpiar, dentro y fuera de mi. Un sinfín de números de teléfono que no marcaría nunca, y el recuerdo de ella, por encima de todas las demás.
Ahora, escribo frente al ventanal junto a la chimenea, viendo la playa de lejos. Y me emborracho solo. Y huelo aquel pañuelo que ella me dejó, y huelo tú colonia que escondí para que no te la llevaras. Y vuelo conduciendo la vieja moto por las playas, y terrazas. Y canto solo, canciones que siempre quise escribir para mi. Unicamente para mi. Y hablan de ti. De las demás. De cada rincón, los limpios y los infectados de miedos e inseguridad. Pero sobretodo mis canciones hablan de lo vivido y lo soñado, y no llego a diferenciarlo. Puede ser el ron, es posible.
Hemos vivido lo mejor de cada uno, y no daba para más.
Te echo de menos, y me gustaría llamarte y charlar, pero no sé si lo cogerás. 58 veces lo intentaré, porque pese a todo eres mi vida, aunque quiera vivir otras.

3 comentarios:

yourisaforever dijo...

Mencanta Xabre!

Ricardo dijo...

Graciñas amiga.

Anónimo dijo...

Por si te interesa.

CONCURSO DE RELATOS http://www.fundaciongasnaturalfenosa.org/es-ES/MuseoGas/Paginas/Bases_III_CRelatos.aspx

Apertas!