miércoles, 5 de enero de 2011

VII. Hacia Monrovia. Africa.

La noche había resultado agradable. Fresca incluso.
Amanecimos muy temprano, ya que era necesario llegar a Monrovia esa misma noche, y en Africa, los desplazamientos no dejan de ser como una prueba de fuego, para la paciencia humana.
Habían pasado ya cuatro horas y nos acercábamos a River Cess, la primera población con entidad suficiente como para llamarla ciudad. Tres horas de viaje, atravesando en coche manglares malolientes y sufriendo una carretera sin señales, ni carriles. Con una temperatura que sube a cada kilómetro que recorres, y unos trailers llenos de troncos enormes, que apuran el ancho de la vía hasta echarte a la zanja sin miramientos.
Gartee es buen conductor, y un gran compañero de viaje. Un simple rato charlando sobre su vida y aclarándome algún entresijo del país, fue toda su conversación. Prometió un día entero de descanso para mi, y lo estaba cumpliendo.
A diferencia de sudamérica, este continente es más ordenado. Los diferentes paisajes aparecen o desaparecen de pronto, dando paso a otros con unos límites muy marcados. No se enmaraña tanto la vegetación, sino que ocupa su lugar de manera más o menos ordenada. Los animales, vagan tranquilos, a la vista. No tienen ese apuro en esconderse como en otros lugares. Pensé, en aquellos momentos en los que pasábamos por al lado de grupos de gacelas y otros bichos, que era como si supieran de su destino fatal. Como entregadas al precio del desarrollo. Poco a poco desalojadas de sus ancestrales territorios, y diezmadas implacablemente. Algo que noté también en los más pobres de los seres humanos que circulaban a pie por las cunetas.
Ya en Buchanan, paramos a reponer líquidos, y comprar comida. Llevábamos nueve horas sentados en aquel coche, y aún restaban otras cuatro para llegar a Monrovia.
Buchanan, es la capital de Gand Bassa, un condado extenso y fundamentalmente agrícola, pero que en los últimos años es destino turístico de europeos. Que lo utilizan como base para conocer el país, disfrutan sus playas y su naturaleza.
Se follan a sus mujeres más jóvenes y, mayoritariamente las europeas de edad y buena pensión, llegan con hambre, devoran atléticos y turgentes cuerpos morenos, y pagan la factura al irse. Algo que en las islas de Cabo Verde está ya muy explotado, y aquí comienza a ser un negocio con visos de prosperar.
Es una ciudad bonita, con una gran pintada en sus afueras que dice: Grand Bassa Surf Camp. Y un dibujo de las típicas líneas onduladas paralelas, haciendo de olas que entran en una gran playa. Perfectas y cristalinas.
La primera derecha liberiana, la veo aquí. Es lo que parece ser una rompiente de roca, solitaria y no muy difícil. Corta y apetecible, sin viento y glassy. Y entonces sucede. Un tipo con una tabla amarilla, se acerca por la orilla al mar... no me da tiempo a ver más, pero me sirve esa visión, para desconectar y recuperar el espíritu surfero durante un rato. Justo hasta que Gartee recibe una llamada en su móvil, me mira y contesta en un perfecto inglés: - Ok, we will be there in four hours. Bye.
Atravesamos lo poco que nos queda de ciudad callados, y ya al salir a la carretera, pregunto por la llamada.
- Era uno de nuestros contactos "dentro". Ha habido un cambio de planes. Federico Abadía, la mano derecha de Posadas en Liberia ha sido encontrado muerto. Creemos que era el encargado de las relaciones con los dos ministros que investigamos, y todo apunta a que ha sido torturado.
- Federico en Colombia actuó siempre detrás de sus jefes. Hace cuatro años, fue liberado de un secuestro en el que le cortaron un brazo, y lo dejaron con vida por la rápida intervención de los servicios de inteligencia del país. Este cabrón llevaba años, robando cocaína de los vuelos que inspeccionaba y dirigía, para el Señor Blanco, el mayor narcotraficante del sur de Colombia. Tras ese incidente, Federico tuvo que abandonar sudamérica para siempre.
- Ahora también ha dejado Africa para siempre- sentenció Gartee.

Las pocas nubes que quietas permanecen en el cielo, comienzan a difuminarse con la oscuridad. El día acaba, y mi mente despierta aletargada del paseo por la costa liberiana y centra toda su atención en los pasos a seguir. El asesinato de Federico Abadía, no marca un buen principio. Nada es como empieza, y nada tiene un final escrito.
Liberia se apaga, hoy con incertidumbre.

6 comentarios:

Deguananonli dijo...

Ños. Empieza la acción.

BarbaKana dijo...

La cosa se pone negra...africana,vamos..jejj..jejjeee

BarbaKana dijo...

La incertidumbre.Que me mata.

Bianchii dijo...

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BarbaKana dijo...

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