El final de aquel verde intenso abrumador, era abrupto, seco y de un marrón oscuro inasumible.
Una vez alcanzado el límite, una mirada a la pradera que dejaba atrás se hizo dolorosa.
Aquella hierba, mecida por la brisa de las últimas horas de una tarde cálida, removía los recuerdos y mezclaba sensaciones pasadas con el aire, que marchaba suavemente hacia otro lugar.
De entre todos los olores y sabores conocidos, el tuyo era el más intenso. Desde la lengua al punto que une nariz y cerebro, todo se llenó de ti en un instante, y como si estuvieras conmigo, giré la cabeza buscando tu sonrisa. Pero la sonrisa que encontré fue la de él. La sonrisa de aquel niño con pocos años, que un día fue. Y que llenó nuestros días con el desasosiego eterno y la incertidumbre absoluta del que será. Él, que tantas veces nos unió, que tanto amor regaló. Él fue mi verdadero amor de película. Ese dolor en el pecho cuando cierras los ojos cada día para dormir. Ese fue nuestro loco príncipe sonriente.
Intenté rozar las puntas de aquel manto verde para llevarme una última caricia, pero fue mi piel lo que sentí. Era a mi cuerpo a quien tocaba y por primera vez, tuve consciencia de mi mismo, y de quien era. En los últimos momentos supe que existía, y me vi. Sentí cada arruga y las cicatrices que daban buena cuenta de lo vivido.
Me erguí satisfecho finalmente, y mientras las voces y risas de aquellos que habían caminado a mi lado todo aquel tiempo, venían a mi mente, desaparecí.
Nada me llevé, y nada dejé atrás. Me sumí en el marrón eterno, y todo siguió girando como si nada....... o eso quiero creer.
sábado, 7 de febrero de 2015
miércoles, 22 de octubre de 2014
RUTA HASTA DONIÑOS
A LAGOA DA FROUXEIRA
Pues hoy he cogido la bici y me he ido a Doniños.
Salí muy temprano por la mañana, de hecho aún no había amanecido. El paseo del lago es precioso también sin luz.
Al final 53km. En cuanto le ponga las ruedas finas a la bici, seguro que ruedo mejor.
Preciosa mañana.
SALIENDO DE NOCHE
MANDIÁ
DONIÑOS
VIVA EL OTOÑO
CAMINOS DE SIEMPRE
LLEGADA VALDOVIÑO
lunes, 20 de octubre de 2014
CASTILLO DE MOECHE
Hoy me he hecho la ruta desde casa hasta el castillo de Moeche, y vuelta por supuesto.
51Km. Y decisión tomada, ya tengo que volver a las ruedas finas mixtas, con 2,25 de anchura y tacos, no voy a avanzar mucho más.
Hoy la ruta resultó agradable, aunque quizás esta temperatura que tenemos a finales casi de octubre me está llegando bien.
La vuelta al llegar al cuestón del Trece me resultó ya un poco dura, y estuve a punto de subir andando, no lo hice y la preparación continúa inamovible.
Lo mejor llegar a la playa y que te estén esperando para tomar un tercio bien fríos y un pincho de mejillones.
La bici de cine, la ruta de las más bonitas, y yo pues encantado.

sábado, 18 de octubre de 2014
LOS SÁBADOS SON NUESTROS
Pues bien, llevamos tres sábados de ruta Lolo "parlanchín" y yo. El primero nos hicimos una pateada por la Ruta Artraba de Campelo a Ponzos. Espectacular. El segundo fue su primera ruta en bici hasta el Faro. Y hoy me lo he llevado al castillo de Narahío y al de Moeche. Parece mentira que en un semicírculo de 30 kilómetros desde nuestra casa tengamos tantas posibilidades, y que no las hayamos explotado a conciencia.
Hoy el viento de ayer parece que se fue lejos, y el sol marcaba la diferencia. Mucha calor, y toda la mañana por delante nos parecían un tesoro.
Nos acercamos al castillo, al que subimos por la senda abierta, aunque los tojos reclaman ya su espacio y tratan de cubrir, lo que durante el verano los turistas han despejado.
Descubrimos casi al pie de la torre un área desde la que salen varias rutas pegadas al río Castro. Así que próximamente tendremos nuevos caminos para explorar.
Después fuimos al castillo de Moeche. Al grito de "Vivan os Irmandiños" llegamos a la puerta, y una chica que venía detrás, nos abrió y nos enseñó el patio. Como era ya un poco tarde, dejamos el paseo por las almenas y la ascensión a la torre para otro día. Esa parte es de pago, pero la restauración creo que vale la pena.
Ya fuera le enseñé a Lolo el foso, pero no tenía cocodrilos, así que se desilusionó un poco. Mientras rodeábamos la muralla le expliqué un poco la historia, y como los de dentro eran los señores que tenían a los de fuera "asoballados", es decir explotados a diezmos y sin posibilidad de decir sobre sus tierras casi. Así que un día estos, se levantaron y tomaron el castillo. Sorprendentemente me respondió que claro que no hay derecho. Unos tan ricos y los otros tan pobres. Que todos deberían de compartir el dinero......... y no cuento más!! Grande Lolo.
La cuestión es que los sábados se están convirtiendo en algo especial con Lolo, y seguiremos abriendo nuevas actividades para no quedarnos en casa medio dejando que la vida pase sola.
Tenemos varios en vista, subir al monte de Campelo, hacer la ruta del río Xubia, explorar la Capelada, y en cuanto le pueda comprar el traje de invierno, alternar todo esto con sesiones surferas de aprendizaje.
Que bien lo voy a pasar.
Y tú Loliño, no te olvides de que ahora somos los locos exploradores, y cuando leas esto, recuerda nuestras andanzas. Y de aquel loco que te metía entre las zarzas y los tojos, como quien va por la calle con sus mejores galas.
Enxebre is better!!
Hoy el viento de ayer parece que se fue lejos, y el sol marcaba la diferencia. Mucha calor, y toda la mañana por delante nos parecían un tesoro.
Nos acercamos al castillo, al que subimos por la senda abierta, aunque los tojos reclaman ya su espacio y tratan de cubrir, lo que durante el verano los turistas han despejado.
Descubrimos casi al pie de la torre un área desde la que salen varias rutas pegadas al río Castro. Así que próximamente tendremos nuevos caminos para explorar.
Después fuimos al castillo de Moeche. Al grito de "Vivan os Irmandiños" llegamos a la puerta, y una chica que venía detrás, nos abrió y nos enseñó el patio. Como era ya un poco tarde, dejamos el paseo por las almenas y la ascensión a la torre para otro día. Esa parte es de pago, pero la restauración creo que vale la pena.
Ya fuera le enseñé a Lolo el foso, pero no tenía cocodrilos, así que se desilusionó un poco. Mientras rodeábamos la muralla le expliqué un poco la historia, y como los de dentro eran los señores que tenían a los de fuera "asoballados", es decir explotados a diezmos y sin posibilidad de decir sobre sus tierras casi. Así que un día estos, se levantaron y tomaron el castillo. Sorprendentemente me respondió que claro que no hay derecho. Unos tan ricos y los otros tan pobres. Que todos deberían de compartir el dinero......... y no cuento más!! Grande Lolo.
La cuestión es que los sábados se están convirtiendo en algo especial con Lolo, y seguiremos abriendo nuevas actividades para no quedarnos en casa medio dejando que la vida pase sola.
Tenemos varios en vista, subir al monte de Campelo, hacer la ruta del río Xubia, explorar la Capelada, y en cuanto le pueda comprar el traje de invierno, alternar todo esto con sesiones surferas de aprendizaje.
Que bien lo voy a pasar.
Y tú Loliño, no te olvides de que ahora somos los locos exploradores, y cuando leas esto, recuerda nuestras andanzas. Y de aquel loco que te metía entre las zarzas y los tojos, como quien va por la calle con sus mejores galas.
Enxebre is better!!
jueves, 9 de octubre de 2014
CINCUENTA Y OCHO
Viéndote marchar me dí cuenta de cuanto te quería.
Había sido un verano complicado aquel, y los días se sucedían como a trompicones. No había acabado uno, cuando el otro ya llevaba un rato amaneciendo.
Todo lo que quedaba atrás eran botellas vacías, estrellas brillando sobre las cabezas y muchos sabores y alientos distintos.
La soledad se había evaporado entre las idas y venidas de la gente que aparecía y desaparecía por mi casa, sin invitación y con ganas de quedarse. Las habitaciones tomadas por espectros que dormían por los suelos, bebían y bailaban todas las noches las mismas canciones. Tablas de surf, guitarras, arena y ceniza se esparcían por cada rincón de cada estancia. Dos gallinas, un trozo de escalera de madera, algunos restos de comida y mucha ropa tirada de todo tipo.
Mujeres desiguales, algunas bellas y otras casi, me deseaban buenos días por el pasillo, la cocina o el comedor y compartían ducha conmigo y un flotador playero con forma de cocodrilo.
Los cuerpos de los desconocidos aparecían por las habitaciones con o sin ropa, e incluso recuerdo que durante tres días un tipo vestido con un traje de novia lleno de lamparones de vino, dibujaba grandes flores por las paredes a la vez que fumaba un porro y escribía frases entrelazando los tallos de sus dibujos. Leí - "Si no hay tiempo sentémonos a esperar".
Te llegué a olvidar por completo, mientras mi rutina era fuera de lo común, o más bien inexistente.
Mis manos tomaban lo inmediato y accesible. Cuerpos cálidos que llenaban mi cama y vaciaban mi alma.
Ron y marihuana me llamaban para quedar en el sofá. Los cigarrillos me acompañaban mientras observaba a aquellos extraños haciendo de mi casa un verano sin fin y un desolado lugar extrañamente apacible por momentos.
Sólo ella, que venía de otro país como tantos, me hizo dudar. Hacía el amor como si su vagina tuviera fecha de caducidad y se acercara vertiginosamente. Bailábamos y bebíamos mientras nuestros ojos se contaban historias de desesperación y tortura.
Seis días de 24 horas estuvimos juntos. La llevé en la moto por todas las playas de la zona, sin casco, fumando y cantando mientras el acelerador hacía ensordecer nuestras voces a los demás. Comíamos en las terrazas de moda, con los pies encima de la mesa. Nos dábamos largos baños de sol y de mar, en pozas desconocidas por la mayoría. Surfeamos acantilados imposibles y volvíamos a casa cada noche, sedientos.
Pero se fue. Y no era su cuerpo, ni sus palabras. No eran nuestras conversaciones interesantes sobre el interés de dios en que fuéramos unos desgraciados, o la importancia de mirar alrededor cuando te sientes con ganas de odiarlos a todos. No. Era su olor. Que casaba perfectamente con sus movimientos al bailar. Con sus carcajadas ante mis estupideces. Con su pelo volando entre mi cara cuando era ella la que conducía mi moto. Con su voz cantándome en el sofá.
Y aún así, con ella, aún pensaba en ti, y en como te fuiste. Y en como nunca volverás a mi, porque lo que pudo ser, se estropeó para siempre. Tuvimos un rato en todos aquellos años. Fue un rato mágico y ojalá nos hubiéramos agarrado bien fuerte a el, pero se nos escapó entre un millón de amaneceres idénticos, y atardeceres lánguidos.
El otoño llegó y todos desaparecieron. Me quedó mucho que limpiar, dentro y fuera de mi. Un sinfín de números de teléfono que no marcaría nunca, y el recuerdo de ella, por encima de todas las demás.
Ahora, escribo frente al ventanal junto a la chimenea, viendo la playa de lejos. Y me emborracho solo. Y huelo aquel pañuelo que ella me dejó, y huelo tú colonia que escondí para que no te la llevaras. Y vuelo conduciendo la vieja moto por las playas, y terrazas. Y canto solo, canciones que siempre quise escribir para mi. Unicamente para mi. Y hablan de ti. De las demás. De cada rincón, los limpios y los infectados de miedos e inseguridad. Pero sobretodo mis canciones hablan de lo vivido y lo soñado, y no llego a diferenciarlo. Puede ser el ron, es posible.
Hemos vivido lo mejor de cada uno, y no daba para más.
Te echo de menos, y me gustaría llamarte y charlar, pero no sé si lo cogerás. 58 veces lo intentaré, porque pese a todo eres mi vida, aunque quiera vivir otras.
Había sido un verano complicado aquel, y los días se sucedían como a trompicones. No había acabado uno, cuando el otro ya llevaba un rato amaneciendo.
Todo lo que quedaba atrás eran botellas vacías, estrellas brillando sobre las cabezas y muchos sabores y alientos distintos.
La soledad se había evaporado entre las idas y venidas de la gente que aparecía y desaparecía por mi casa, sin invitación y con ganas de quedarse. Las habitaciones tomadas por espectros que dormían por los suelos, bebían y bailaban todas las noches las mismas canciones. Tablas de surf, guitarras, arena y ceniza se esparcían por cada rincón de cada estancia. Dos gallinas, un trozo de escalera de madera, algunos restos de comida y mucha ropa tirada de todo tipo.
Mujeres desiguales, algunas bellas y otras casi, me deseaban buenos días por el pasillo, la cocina o el comedor y compartían ducha conmigo y un flotador playero con forma de cocodrilo.
Los cuerpos de los desconocidos aparecían por las habitaciones con o sin ropa, e incluso recuerdo que durante tres días un tipo vestido con un traje de novia lleno de lamparones de vino, dibujaba grandes flores por las paredes a la vez que fumaba un porro y escribía frases entrelazando los tallos de sus dibujos. Leí - "Si no hay tiempo sentémonos a esperar".
Te llegué a olvidar por completo, mientras mi rutina era fuera de lo común, o más bien inexistente.
Mis manos tomaban lo inmediato y accesible. Cuerpos cálidos que llenaban mi cama y vaciaban mi alma.
Ron y marihuana me llamaban para quedar en el sofá. Los cigarrillos me acompañaban mientras observaba a aquellos extraños haciendo de mi casa un verano sin fin y un desolado lugar extrañamente apacible por momentos.
Sólo ella, que venía de otro país como tantos, me hizo dudar. Hacía el amor como si su vagina tuviera fecha de caducidad y se acercara vertiginosamente. Bailábamos y bebíamos mientras nuestros ojos se contaban historias de desesperación y tortura.
Seis días de 24 horas estuvimos juntos. La llevé en la moto por todas las playas de la zona, sin casco, fumando y cantando mientras el acelerador hacía ensordecer nuestras voces a los demás. Comíamos en las terrazas de moda, con los pies encima de la mesa. Nos dábamos largos baños de sol y de mar, en pozas desconocidas por la mayoría. Surfeamos acantilados imposibles y volvíamos a casa cada noche, sedientos.
Pero se fue. Y no era su cuerpo, ni sus palabras. No eran nuestras conversaciones interesantes sobre el interés de dios en que fuéramos unos desgraciados, o la importancia de mirar alrededor cuando te sientes con ganas de odiarlos a todos. No. Era su olor. Que casaba perfectamente con sus movimientos al bailar. Con sus carcajadas ante mis estupideces. Con su pelo volando entre mi cara cuando era ella la que conducía mi moto. Con su voz cantándome en el sofá.
Y aún así, con ella, aún pensaba en ti, y en como te fuiste. Y en como nunca volverás a mi, porque lo que pudo ser, se estropeó para siempre. Tuvimos un rato en todos aquellos años. Fue un rato mágico y ojalá nos hubiéramos agarrado bien fuerte a el, pero se nos escapó entre un millón de amaneceres idénticos, y atardeceres lánguidos.
El otoño llegó y todos desaparecieron. Me quedó mucho que limpiar, dentro y fuera de mi. Un sinfín de números de teléfono que no marcaría nunca, y el recuerdo de ella, por encima de todas las demás.
Ahora, escribo frente al ventanal junto a la chimenea, viendo la playa de lejos. Y me emborracho solo. Y huelo aquel pañuelo que ella me dejó, y huelo tú colonia que escondí para que no te la llevaras. Y vuelo conduciendo la vieja moto por las playas, y terrazas. Y canto solo, canciones que siempre quise escribir para mi. Unicamente para mi. Y hablan de ti. De las demás. De cada rincón, los limpios y los infectados de miedos e inseguridad. Pero sobretodo mis canciones hablan de lo vivido y lo soñado, y no llego a diferenciarlo. Puede ser el ron, es posible.
Hemos vivido lo mejor de cada uno, y no daba para más.
Te echo de menos, y me gustaría llamarte y charlar, pero no sé si lo cogerás. 58 veces lo intentaré, porque pese a todo eres mi vida, aunque quiera vivir otras.
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