sábado, 18 de octubre de 2014

LOS SÁBADOS SON NUESTROS


Pues bien, llevamos tres sábados de ruta Lolo "parlanchín" y yo. El primero nos hicimos una pateada por la Ruta Artraba de Campelo a Ponzos. Espectacular. El segundo fue su primera ruta en bici hasta el Faro. Y hoy me lo he llevado al castillo de Narahío y al de Moeche. Parece mentira que en un semicírculo de 30 kilómetros desde nuestra casa tengamos tantas posibilidades, y que no las hayamos explotado a conciencia. 
Hoy el viento de ayer parece que se fue lejos, y el sol marcaba la diferencia. Mucha calor, y toda la mañana por delante nos parecían un tesoro.
Nos acercamos al castillo, al que subimos por la senda abierta, aunque los tojos reclaman ya su espacio y tratan de cubrir, lo que durante el verano los turistas han despejado.
Descubrimos casi al pie de la torre un área desde la que salen varias rutas pegadas al río Castro. Así que próximamente tendremos nuevos caminos para explorar.
Después fuimos al castillo de Moeche. Al grito de "Vivan os Irmandiños" llegamos a la puerta, y una chica que venía detrás, nos abrió y nos enseñó el patio. Como era ya un poco tarde, dejamos el paseo por las almenas y la ascensión a la torre para otro día. Esa parte es de pago, pero la restauración creo que vale la pena. 
Ya fuera le enseñé a Lolo el foso, pero no tenía cocodrilos, así que se desilusionó un poco. Mientras rodeábamos la muralla le expliqué un poco la historia, y como los de dentro eran los señores que tenían a los de fuera "asoballados", es decir explotados a diezmos y sin posibilidad de decir sobre sus tierras casi. Así que un día estos, se levantaron y tomaron el castillo. Sorprendentemente me respondió que claro que no hay derecho. Unos tan ricos y los otros tan pobres. Que todos deberían de compartir el dinero......... y no cuento más!! Grande Lolo.
La cuestión es que los sábados se están convirtiendo en algo especial con Lolo, y seguiremos abriendo nuevas actividades para no quedarnos en casa medio dejando que la vida pase sola.
Tenemos varios en vista, subir al monte de Campelo, hacer la ruta del río Xubia, explorar la Capelada, y en cuanto le pueda comprar el traje de invierno, alternar todo esto con sesiones surferas de aprendizaje. 
Que bien lo voy a pasar.
Y tú Loliño, no te olvides de que ahora somos los locos exploradores, y cuando leas esto, recuerda nuestras andanzas. Y de aquel loco que te metía entre las zarzas y los tojos, como quien va por la calle con sus mejores galas. 
Enxebre is better!!













jueves, 9 de octubre de 2014

CINCUENTA Y OCHO

Viéndote marchar me dí cuenta de cuanto te quería.
Había sido un verano complicado aquel, y los días se sucedían como a trompicones. No había acabado uno, cuando el otro ya llevaba un rato amaneciendo.
Todo lo que quedaba atrás eran botellas vacías, estrellas brillando sobre las cabezas y muchos sabores y alientos distintos.
La soledad se había evaporado entre las idas y venidas de la gente que aparecía y desaparecía por mi casa, sin invitación y con ganas de quedarse. Las habitaciones tomadas por espectros que dormían por los suelos, bebían y bailaban todas las noches las mismas canciones. Tablas de surf, guitarras, arena y ceniza se esparcían por cada rincón de cada estancia. Dos gallinas, un trozo de escalera de madera, algunos restos de comida y mucha ropa tirada de todo tipo.
Mujeres desiguales, algunas bellas y otras casi, me deseaban buenos días por el pasillo, la cocina o el comedor y compartían ducha conmigo y un flotador playero con forma de cocodrilo.
Los cuerpos de los desconocidos aparecían por las habitaciones con o sin ropa, e incluso recuerdo que durante tres días un tipo vestido con un traje de novia lleno de lamparones de vino, dibujaba grandes flores por las paredes a la vez que fumaba un porro y escribía frases entrelazando los tallos de sus dibujos. Leí - "Si no hay tiempo sentémonos a esperar".
Te llegué a olvidar por completo, mientras mi rutina era fuera de lo común, o más bien inexistente.
Mis manos tomaban lo inmediato y accesible. Cuerpos cálidos que llenaban mi cama y vaciaban mi alma.
Ron y marihuana me llamaban para quedar en el sofá. Los cigarrillos me acompañaban mientras observaba a aquellos extraños haciendo de mi casa un verano sin fin y un desolado lugar extrañamente apacible por momentos.
Sólo ella, que venía de otro país como tantos, me hizo dudar. Hacía el amor como si su vagina tuviera fecha de caducidad y se acercara vertiginosamente. Bailábamos y bebíamos mientras nuestros ojos se contaban historias de desesperación y tortura.
Seis días de 24 horas estuvimos juntos. La llevé en la moto por todas las playas de la zona, sin casco, fumando y cantando mientras el acelerador hacía ensordecer nuestras voces a los demás. Comíamos en las terrazas de moda, con los pies encima de la mesa. Nos dábamos largos baños de sol y de mar, en pozas desconocidas por la mayoría. Surfeamos acantilados imposibles y volvíamos a casa cada noche, sedientos.
Pero se fue. Y no era su cuerpo, ni sus palabras. No eran nuestras conversaciones interesantes sobre el interés de dios en que fuéramos unos desgraciados, o la importancia de mirar alrededor cuando te sientes con ganas de odiarlos a todos. No. Era su olor. Que casaba perfectamente con sus movimientos al bailar. Con sus carcajadas ante mis estupideces. Con su pelo volando entre mi cara cuando era ella la que conducía mi moto. Con su voz cantándome en el sofá.
Y aún así, con ella, aún pensaba en ti, y en como te fuiste. Y en como nunca volverás a mi, porque lo que pudo ser, se estropeó para siempre. Tuvimos un rato en todos aquellos años. Fue un rato mágico y ojalá nos hubiéramos agarrado bien fuerte a el, pero se nos escapó entre un millón de amaneceres idénticos, y atardeceres lánguidos.
El otoño llegó y todos desaparecieron. Me quedó mucho que limpiar, dentro y fuera de mi. Un sinfín de números de teléfono que no marcaría nunca, y el recuerdo de ella, por encima de todas las demás.
Ahora, escribo frente al ventanal junto a la chimenea, viendo la playa de lejos. Y me emborracho solo. Y huelo aquel pañuelo que ella me dejó, y huelo tú colonia que escondí para que no te la llevaras. Y vuelo conduciendo la vieja moto por las playas, y terrazas. Y canto solo, canciones que siempre quise escribir para mi. Unicamente para mi. Y hablan de ti. De las demás. De cada rincón, los limpios y los infectados de miedos e inseguridad. Pero sobretodo mis canciones hablan de lo vivido y lo soñado, y no llego a diferenciarlo. Puede ser el ron, es posible.
Hemos vivido lo mejor de cada uno, y no daba para más.
Te echo de menos, y me gustaría llamarte y charlar, pero no sé si lo cogerás. 58 veces lo intentaré, porque pese a todo eres mi vida, aunque quiera vivir otras.

viernes, 5 de septiembre de 2014

POCO A POCO POCO A POCO

La verdad es que sufrí. Con pasión y una sonrisa, pero sufrí de lo lindo.
Amaneció precioso el día, despejado y con una capa densa de niebla baja, que no llegaba a afectar a nuestra casa.
Después de los dos yogures de rigor, y con los ánimos de Aran, que no sé si es porque salga a hacer deporte o por que me vaya de casa y la deje tranquila, cogí la bici y me largue.
Pensé en cambiar un poco la orientación de las salidas, así que me fui hacia el norte esta vez.
Dejé atrás la colina bajando por entrerríos de arriba, y salí a la general en el cruce del colegio.
Desde ahí por la carretera hasta el desvío de casa de Héctor(O Mirador do Paraño), donde ya seguí por la carretera de la costa.
Tranquilidad en una apacible mañana de septiembre. Gente surfeando la derecha de la Percebelleira, y la niebla desapareciendo, dejando paso a un sol achicharrante.
La cuesta del O Barco das Fabas(Furao) hacia Pantín se me hizo fácil, y después tan sólo tenía que dejarme llevar hacia la playa poco a poco.
Me las prometía felices y al llegar al Aqualón, además de ponerme de mal humor al ver todo el circo montado de las escuelas de Surf, comenzó mi calvario.
Subir por la antigua casa de Titín ya me avisó, pero tras bajar Baleo (que malas olas había por cierto, no vayáis nunca), los llanos y las bajadas desaparecieron. Y en su lugar una retorcida y tortuosa cuesta sin fin (the fucked endless uphill) fue abriéndose delante de mis ruedas.
Todo esto para los que estéis en forma, o seáis ciclistas serios, os parecerá una chorrada. Pero para mi esa cuesta, el día de hoy, fue sencillamente demoledora y cabrona.
Al final conquisté Punta Conguito, y me dispuse a bajar hacia Vilarrube.
Hay un pequeño cambio de rasante, y al llegar casi arriba, distingo a dos caminantes(senderistas en cool speak), que atrapan (literal) a su perro pastor de Brie ENORME, antes de que yo pase. Ahora dudo si era un De Brie(siempre me gustaron) o un Snauzzer Gigante de esos. Total, que paso y amigablemente les sugiero que soy bueno y no le iba a hacer mal al perriño, y riéndose contestan: -Créeme lo hacemos por ti, odia las bicicletas. Pienso en mi perro Mou, que tiene el mismo trauma, y continúo bajando.
La sorpresa, a unos doscientos metros del suceso del perro, me encuentro con tres corzos, algo habitual por aquí, pero que esta vez aguantan bastante tiempo enfrente de mi en la carretera, antes de marcharse monte arriba.
El acontecimiento realmente increíble vino a continuación.
Yo, que en la subida infernal me había sacado el casco(calooor) y lo había colgado en el manillar, me tiro cuesta abajo a tumba abierta cuando de repente, una sombra corriendo a mi lado derecho me da un susto de muerte, me hace frenar como puedo y casi ir al suelo. Resulta que era el casco enganchado que volaba libre por la velocidad. Puffffff, pavernosmatao!! Juro que lo vi hasta saltar y era un perro, pero no.
Bueno, resumiendo el paseo, tras descansar un rato enfrente de Caneiro contemplando la mejor playa del mundo, Vilarrube(perfecta para el padel hoy Fran), volví a Valdo por la general. Piernas rotas, accidente incluido con 4 ambulancias y muy mala pinta, y una manzana robada en una leira como avituallamiento.
24 Km, nada más, pero duros dado mi estado actual y la bici que uso.
En conclusión, que divertido es salir en bici temprano en verano. Que pasada de país tenemos los gallegos. Y que bueno poder compartirlo y saber que me esperan algunas mañanas más así.
Entre la bici y el retorno al Surf, espero que el verano que viene no me agobie tanto subir escaleras, o agacharme a por las sardinas de la parrilla.

viernes, 29 de agosto de 2014

LA TORTILLA

Con vino, sí señor.




jueves, 7 de agosto de 2014

POR LO QUE SEA

Vientos que van y vienen, que se rozan en la enorme superficie del mar, se llevan un poco el uno del otro y lo reparten en su viaje.
De imprevisto llegaste mientras yo pasaba, como hago siempre. Y te quedaste, día a día un ratito.
Con esa sonrisa tuya que no se corresponde en absoluto a tu edad adulta, apartaste la mirada a cada chiste mío lanzado con la peor de las intenciones y el mejor de los corazones. Y reías cabizbaja, sabiendo que juntos eramos lo mismo frente a los demás, tan distintos.
Bajas la cuesta despreocupada, y saludas cómplice. Tragando saliva para reflexionar sobre el como sería, o el como será. Algo que nunca es, siempre permanece en la posibilidad de ser, dulce. Eso es suficiente, a veces. Otras no.
Y si hoy fuera antes, y la cita fuera posible. Qué sería esa noche de nosotros, tan jóvenes? Y si hoy fuera hoy, y a media tarde sonriendo nos encontráramos para caminar esta vez, sin focos altos... y la luna ganara al sol, y la noche trajera más risas y sitios distintos, y tu olor nuevo inundara mi interior viejo, y las cosas que nos contáramos fueran menos importantes que la forma en que nos mirábamos, y el miedo fluyera por las ventanas, y el presente nublara el pasado y el futuro, qué futuro?
Y si tan sólo le diéramos una oportunidad al color? Y amaneciéramos coloreados el uno del otro, y la pintura antigua permanente, no lo fuera tanto.
Y si tus ojos claros no mienten, y mis manos cobardes no huyen? Y si lo tuyo roza lo mio, y hace que de la mezcla surja el nuevo viejo viento que habíamos olvidado del amor?
Y si tu vida feliz y la mía no se cruzan nunca, que nos quedaría? La realidad, pequeños momentos de días sueltos, sonrisas cómplices, cenas serias y mensajes en la frontera...... y si te beso?