miércoles, 16 de enero de 2013

Grandes Vistas y Monumentos

Todas eras tu, y tu eras las demás.
Porque el sexo se alimenta de imágenes, olores, sabores y sabe dios cuantas cosas más.
Yo miraba, olía y todas las que eran destinatarias de miradas o expendedoras de aromas, se confundían en mi mente, hasta que me di cuenta  de que en realidad, ellas todas, eras tu.
La niña que subía al bus en mi misma parada, cuando con diez años ya era capaz de percibir su olor. Y aquella colonia infantil, mezclada con el olor característico de los asientos de sky y la humedad del autocar, me despertaba por fin yendo al colegio.
Mi amiga y vecina Paula, en los veranos de Valdoviño. Todos los días juntos, haciendo cabañas. Recuerdo su coleta y sus ojos claros. Aquella sonrisa que me superaba en picardía y experiencia. Paula fue mi primer gran amor imaginario, y aún hoy la recuerdo sin mucho esfuerzo. Grandes veranos con ella y sus hermanas.
Susana. Octavo de E.G.B. que invierno!! Melena larga morena. Jugábamos a baloncesto juntos, era muy buena. Yo aún soñaba con el amor, y ella ya resabía besos pasados.......
Ana, mismo año, misma clase. Pija. Rubia y ojos azules. De apellido ilustre, y modos de señorita de casino y te. Pero como andaba por los pasillos! Fuego!!
Todas, con otros nombres y otras caras, eras siempre tu. Y eso que aún no nos conocíamos. Pero yo crecía, y mi ensoñación se hacía más carnal.......y las dianas de mis miradas dejaron de ser rostros y andares, para trasladarse a culos, tetas y piernas...... es lo que tiene la pubertad. Por que engañarnos? Y ojo, que esa etapa no se abandona. Con los años se sigue mirando esas partes pudendas, pero se regresa a mirar a los ojos, el pelo, las caras. Y más adelante, se ven cosas que no se miran, y que son incluso más bonitas que aquello que tapa la ropa. Gestos, actitudes, misterio...
La intocable amiga morena, diosa poseedora de todo lo bueno que existía en el mundo. Con su bañador lila, o el bikini blanco, o cualquier trapito que se ponía, para que engañarnos...... esa de la que muchos sabéis su nombre, era dueña de media playa, cientos de ojos, miles de momentos de intimidad solitaria y los sueños de todos los playeros que tuvimos la suerte de vivir aquellos veranos de finales de los ochenta en Valdo. Ella era nuestra Yaiza Perdomo particular. Que digo? ni Yaiza era capaz de nublar a    
la hermana de Ruth. 
Pues ella, mi amor, también fuiste tu.
La madrileña de "pechos fuera" y ojos peligrosos. Ella se sabía mil maneras de pedir fuego en la playa también. Y se marchaba con la punta de cigarro al rojo vivo, dando profundas caladas, mientras tu incandescente también, tratabas de enterrar tu "punta" en la arena para que no se notara....... y las miradas cómplices de los demás? jajaja, como somos los hombres!!
Hasta belgas, miraba en aquella época.
Y el culo de la novia de mi mejor amigo. Aquella pelirroja bajita de pelo ensortijado. Que manera de irse tenía la condenada, que no era capaz de dejar de ver su ida.......
Y el olor de la única que me hizo dudar alguna vez? ese olor era el cielo en la Tierra. Y al final, tu eres ese olor.
Y las de los Levi's por la calle? Y las minifaldas de cuadros? y las camisetas de tirantes? y la del bikini plateado? Todas la misma, tu.
Al final, va a ser cierto que los sentidos engañan, y todas esas a las que miramos, soñamos e incluso amamos por décimas de segundos, todas sois vosotras. Las de verdad. Las que queremos más que a nuestro aliento, y con las que peleamos el día a día... y a las que, furtivamente más miramos de reojo. Porque aunque lo podamos hacer abiertamente, es esa manera de mirar, ladeada, como robando el instante y a traición, la que más gratas vistas nos ofrece. Así que seguid haciéndoos las despistadas de vez en cuando, por lo menos por compasión.
De todas ellas, tu que eres todas para mi, hazlo también mi amor.
-Huy mira a ver como me queda este vaquero, muy ceñido verdad??
-Sí Arancha, perfecto....... -y mientras cierras la cortina del probador, voy pidiendo por favor que no pase nunca el tiempo, y poder vivir eternamente contigo en los probadores de una tienda de ropa!!
-Ah, pero espera -me digo en voz baja- esa que viene ahí, se va a probar esa falda??  Maldita sea esta condición humana, ya he caído otra vez!

sábado, 22 de diciembre de 2012

Cuento Del Tiempo Y Su Paso

Pintigrelo saltaba en el jardín dorado de los árboles caídos, Florández lo miraba atraido. Todos los Grutelas bebían a la vez, el maná de sabor rojo. El reguero vertía fresca, la dulzura del rocío, y un Birlongo distraido, cantaba milongas de oido: -No por irte mi Espifresa, vas a dejarme aquí herido, que yo canto con cualquiera como si fuera contigo.
Y al final del sendero verdadero un Trincadillo aburrido, mira riendo su sombra, mientras se come un suspiro.
Y el aire lo tiñe todo del color rosalila, y la lluvia difumina entre las floes simpatía.
En el fondo, la vieja y pertinaz Zócara que se creía Bernanzueca, disfruta mirando la escena y se despide al oído gritando: -Ya me muero, vida mía!! Llevadme junto a mi Zócaro, y dejaros de pamplinillas, que Bernanzueca nunca he sido, aunque lo hubiese querido.
Se nubla al fin la noche. Los soles se acomodan rufianes, entre la orilla y el rio. Y un Frandunguero despierto, saca la luna a paseo.
Suave noche de luz transparente que ilumina los deseos, mientras todos duermen acunando sus sueños, yo me mantengo vacío, sin anhelos. Nada llena mis noches. Ni fantasías de besos que marchan solitos, ni aventuras ilustres de trepidantes prodigios............ quizá en otros tiempos todo era riesgo y emoción, pero el Birlongo me susurró, que ya mi tiempo fue vencido, y las horas que quedan debo pasarlas solo y conmigo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El Ocho Y Medio

Aquello fue más que un coche.
Perteneció toda la vida, al que hoy es mi suegro, y el de mi hermano. Pero un buen día este último se hizo con el. Era algo más que un Seat 600, y algo menos que un Sinca 1000. Estaba en el medio, y un poquito más. Un "maravilloso" Seat 850 azul.
Debía correr el año 1987, cuando vino a nosotros. Y me dí cuenta que pasaba a formar parte de nuestra revolución, cuando mi hermano colgó el muñeco de Wilbur Cookmeyer del retrovisor. En el preciso momento en que el surf pasaba a formar parte por fin, de nuestros inviernos. Y gracias a el nos movíamos desde Villarrube a Campelo, libres en busca del baño perfecto.
Como nos metíamos allí dentro, es un misterio, porque grande no era. Pequeño y estrechito, incómodo, húmedo y como no decirlo, sucio. Evidentemente era lento, pero divertido.
Recuerdo su acelerador pegado al suelo, y sus espejos móviles.....por el viento. Recuerdo que al encender el "radio-cassete" el limpiaparabrisas paraba. Que el intermitente encendía la luz de freno, que por supuesto no funcionaba al pisar el pedal correspondiente. Recuerdo los remiendos de urgencia con fibra Excell y resina Silmar. Las alfombrillas de goma que se encharcaban cuando llovía.
Anécdotas miles. Pero la del palito, una de las mejores........
Estaban asfaltando la antigua carretera de Castro, y a la altura de las curvas de San Bartolo, al final de la recta en bajada, vimos una fila de coches parada junto a un hombrecito con casco y una señal de Stop en la mano. Era sábado por la mañana, muy temprano, y nos dirigíamos a la playa, a hacer surf, como no? Eramos cuatro, Luis, Carlitos Nito, yo y otro que presumo que era Vari, por eso íbamos por Castro en vez de por Meirás. Total, 100 km/h en bajada libre, 350 kg. de humanidades, y unos frenos de bicicleta gastados nos jugaron una mala pasada. Los coches y el hombrecito, cada vez más cerca, el pedal del freno hundido hasta la chapa, y nuestra pequeña bombona azul cada vez más rápido. Llegamos a unos 100 metros del atasco, y un corte en el asfalto nuevo, nos hizo volar como a un coche de rally. Cabezas contra el techo, ¡PUM! las risas empezaban a desencajarse, el hombrecito braceaba con la señal como si hubiera visto al diablo con ruedas, los coches estaban cerca, muy cerca. Luis, tras el salto, hundió de nuevo el pedal de freno, y al parecer el cable reaccionaba, eso sí parabamos muuuuuuuuy despacio....... no había más remedio que tirarse al arcén. COÑO, que estaba de mi lado aún encima. -Nos la damos dije...- pero el coche se detenía, paralelo a los coches en fila. Por la cuneta adelantamos a unos cuantos, que se agarraban fuertemente al volante. Al fin nos detuvimos. Y a reir!!!
Hubo más. Innumerables, pero aquella me trae buenos recuerdos. Debía de ser primavera, hacía sol y frío. Pantín de metrazo y medio y solos, nos hizo olvidar lo sucedido. Y al mediodía el calor ya se notaba, al salir del agua para acercarnos a La Ramalleira a comer unos callos, por trescientas pesetas. Y todo gracias al ocho y medio.
Todo eso me hace reflexionar, y ahora que os veo a todos con aire acondicionado, elevalunas eléctricos, control de tracción, EBS, ABS, AIR COMET, FUCK OFF y todas esas mariconadas que traen ahora los coches. Con techos solares, olor a salón, mesitas para el DVD, conexión a internet...... pienso y os pregunto: QUE COCHE OS HIZO MAS FELIZ??
Yo creo que todos o la gran mayoría, aún teniendo modelos distintos, respondereis lo mismo....... el primero!! Aquel que con menos os dió más!! El único que os concedió la libertad, y no la esclavitud. El único que os importó de verdad, y que os permitió ser vosotros mismos, sin necesidad de ser mejores que nadie.
Pues esto va por aquellos trastos que nos llevaron y nos trajeron, con personalidad.

martes, 4 de diciembre de 2012

Así Debe Ser

Y es ahora, cuando me miro por primera vez en muchos años, y veo en lo que me he convertido, cuando recuerdo el olor de aquellas madrugadas haciendo que estudiaba. Calculando que edad tendría en el año, 2020 y suponiendo como sería mi vida por aquel entonces. Tan viejo.
Recuerdo la estufa que me daba calor, recuerdo el reloj de barco que impaciente miraba cada minuto, pendiente del momento de salir corriendo a la ducha, para después abrir la puerta y salir a la calle.
Recuerdo el sonido de los coches pitando, el humo entre la acera y mi nariz. Aquel frío que me hacía sentir bien, tan temprano y ya libre, en la mañana que atesoraba tantas esperanzas...
Huelo mil olores aún, cambiaban cada trimestre. En ocasiones cada semana..... me enamoraba de Noelia, de Pili, de Teresa, de Virginia, de Paula, de Ana, de Maite, de Susana...... cientos de fragancias. Se puede decir que para nada, aunque yo creo que todas, sin saberlo fueron mias en algún recóndito rincón, de mis aventuras imaginadas.
Porque yo, iba a ser aventurero, esplorador, surfer indómito, escritor indomable, rebelde sin causa, jugador de la NBA y hasta libertador del mundo en algún momento. Y me quedé en Ricardo.
Y ahí es donde entras tu. El que me sigue a todas partes. El que me mira riéndose, e imita todas mis payasadas. El que pasa todo el día junto a mi, y me dice: -te quiero! - para desarmarme finalmente. Ese loco enano. Pendenciero, soñador, furioso y tranquilo a la vez. Ese niño que miro y me veo. Ese que cuido tanto, y que invade mi cabeza a cada momento. Ese que jamás puse en mi vida, hasta que llegó. Con el que nunca soñé. Ese que me asustaba cuando no lo conocía aún. Pues ese, Lolo, eres tu. Y a ti te toca hacer realidad tus sueños ahora, que serán tu vida de mañana. Los consigas o te quedes en el intento. Porque los sueños mi amor, son siempre sueños. Tanto los realizados, como los de verdad. Pero eso no cambia su naturaleza, sueños son y así serán vividos. Lo hagamos despiertos o no.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Imprevisto II

Blancas. Las sábanas se enmarañaban entre tus piernas desnudas, mientras yo intentaba apearme de aquella cama, sin despertarte.
Desnudo por el pasillo, intuí el hueco de la puerta de la cocina, y me colé. Sin encender todavía la luz, me acerqué al enorme ventanal, que daba a la terraza de madera y servía como antesala de la playa que se divisaba al fondo. Amanecía.
Azul. El cielo iba cogiendo color, mientras el olor del café recién hecho camuflaba tu perfume que reinaba por toda la casa. Era primavera ya, y mi mente recordaba aquel día que te vi por primera vez, hace ya años. Pensé en coger la bici y acercarme a comprar pan fresco, de nuevo. No lo hice. Aquel otoño había resultado intenso, buscándote. Hasta que por fin, una mañana tu perro, tras perseguirme consiguió tirarme de la bicicleta en aquella plaza desierta. Nunca sabré ni yo mismo si fue el perro o me dejé caer maliciosamente. Pero la sonrisa complice de un tipo sentado en un coche, me hizo sospechar que mi inestabilidad momentánea, no fue inocente.
Amarillo. El ambiente en casa era tenue. La madera interior, se entrelazaba con alguna pared llena de fotos en blanco y negro, que demostraban que nuestra vida estaba llena. Tablas de surf, playas, perros, el Chevy del '68, aquellas guitarras mías, tus piernas, retratos de nuestros amigos, la lluvia, tu vieja Indian Scout del '51, una moto que te había llevado por Canadá y Estados Unidos durante todo un año y que hacerla sonar te había costado tres años de encierro en un garaje, a tiempo completo. Ella era mi única competencia. En definitiva, fotos y más fotos de las que habías hecho tu forma de ganarte la vida.
Verde. La tozudez que nos caracterizaba a los dos, nos hizo insistir en el color del suelo una y otra vez, con el arquitecto de la casa. Queríamos suelo de madera, rústico, del tipo que se usa para los paseos marítimos. Envejecido y de un verde pálido, como gastado. Algo, que a la postre resultó impactante y fundamental en nuestro hogar, y alabado por todo el que entraba. Ese suelo, por el que hoy caminaba descalzo, con un café en la mano me llevaba hasta el salón.
Rojo. Al atravesar las grandes puertas de cristal que se abrían al campo, el Sol perfilaba ya las colinas cercanas,  con una delgada línea de luz. Un trago más al vaso de café, y una bocanada de aire fresco despertaba mis pulmones por completo. Estirándome pensé, que sería un buen día para hacer algo juntos.
Canela. Tu cuerpo contrastaba con el color de la ropa de cama de una manera sobrenatural. Parecías estar  a dos centímetros de altura de las sábanas. Tu pelo rubio, más largo de lo habitual tapaba parcialmente tu rostro y una parte de tus piernas invadía, la que hasta hacía unos minutos, era mi parte del catre. Mis ojos se posaron, en tus caderas pero rápidamente se desviaron, culpables, al final de tus largas piernas cruzadas. Y era aquella visión, mi mejor despertar.
Tras descorrer el amplio cortinón, la luz invadió nuestra habitación haciéndote mover suavemente. Me acerqué a besarte, y ese olor de nuevo me poseyó. Como podías oler siempre tan bien? Llegué a pensar alguna vez, que no existía el perfume, y que ese era tu olor natural.
Marrón. Abriste aquellos dos misteriosos ojos, que cautivaban por sus profundidad a todo el que se atrevía a mirar tras esas largas pestañas rizadas.
El día había empezado ya.